Los acuerdos de Minsk. Un improbable hilo de esperanza
Por José Luis Calvo* La entrada en vigor del alto el fuego pactado estos días en Minsk cierra otro capítulo de la crisis ucraniana, convertida ya en conflicto armado abierto. Pero no será probablemente el último. El precipitado viaje de Angela Merkel y François Hollande a Kiev primero y Moscú después, que contrastaba con el distanciamiento norteamericano de la iniciativa, presagiaba que la evolución de los acontecimientos se estaba tornando muy negativa para Europa. Y no faltaban razones para ello. La tregua acordada en septiembre era ya papel mojado. Hay un viejo principio militar, no por cínico menos válido, que dice que las treguas sirven esencialmente para reorganizarse. No cabe duda que los rebeldes prorrusos han aprovechado la tregua para reorganizarse mejor que las fuerzas armadas ucranianas. La confusa mezcla de milicianos, aventureros y presuntos miembros de la inteligencia rusa de los inicios del conflicto ha dejado paso a unidades bien organizadas, equipa...